Un final mediocre

La última ronda del torneo que estaba jugando resulto una insulsa partida en la cual intenté practicar el manejo del tiempo. Me propuse no usar más de 2-3 minutos para cada movimiento excepto en las jugadas que pensase que eran «críticas». El experimento no resulto bien, jugué tenso, desconcentrado. Para peor elegí mal los momento en que analizar y en los que pensar «a fondo». Sobre el final estaba tan nervioso que prácticamente no podía pensar, ni rápido ni lento. Afortunadamente mi rival tuvo un muy mal día, con lo cual no pudo aprovechar la situación. Más suerte. Jugué con blancas. Los movimientos fueron:

1. e4 c5 2. b4 e6 3. bxc5 Bxc5 4. d4 Be7 5. Nf3 Nc6 6. Bd3 Nf6 7. O-O b6 8. c4 d5 9. cxd5 exd5 10. Bb5 Bd7 11. e5 Ne4 12. Qa4 (este es el peor movimiento blanco de la partida tal vez, Db3 era evidente.) Rc8 13. Be3 Na5 14. Nfd2 Bxb5 15. Qxb5+ Qd7 16. Qxd7+ Kxd7 17. Nxe4 dxe4 18. Nd2 Nc4 19. Nxe4 Nxe3 20. fxe3 Ke6 21. Rf2 Kd5 22. Rxf7 Kxe4 23. Rxe7 Rc2 24. Rd1 Rf8 25. d5 Rff2 26. Rxg7 Kxe3 27. e6 Rfd2 28. Rg3+ Las negras abandonaron prematuramente.

La posición «maldita»

El sábado mi rival no compareció a jugar su partida. Pero justo antes de eso ocurrió un evento un poco gracioso. Los organizadores equivocaron el rival con el que debía jugar y comencé mi partida con el rival equivocado. Luego de algunas jugadas, encontrándonos en la siguiente posición:

los organizadores nos informan del error, mi rival fue a jugar con el que le correspondía y yo termine ganando como ya comenté. Lo llamativo del asunto es que unas semanas antes en una partida, a ritmo lento online, la conexión de mi eventual rival falló y no pudimos seguir el juego, exactamente en la misma posición.
Aparentemente no debo jugar esa posición.